Jóvenes, quiero que por un momento cierren los ojos y escuchen el sonido de su comunidad. Escuchen el viento en los cafetales, el correr del agua, el canto de los pájaros al amanecer. Ese paisaje que hoy nos rodea en Tlapacoyan no es eterno; es un regalo que recibimos de nuestros abuelos y que estamos obligados a entregar a nuestros hijos.
Sin embargo, algo está cambiando. No es su imaginación: los calores son cada vez más intensos, las lluvias llegan cuando no deben o caen con una furia que antes no conocíamos. El planeta tiene "fiebre", y esa fiebre se llama Calentamiento Global.
El cambio climático no es una película de ciencia ficción; es el espejo de nuestras acciones.
Durante décadas, la humanidad ha tratado a la Tierra como si fuera una bodega inagotable y un basurero sin fondo. Hemos llenado el aire de humo, los ríos de plástico y los suelos de químicos. Hoy, la Tierra nos está hablando a través de las sequías que marchitan las cosechas y de los glaciares que se derriten a miles de kilómetros, pero que afectan el nivel del mar en nuestras costas veracruzanas.
Piensa en esto: No somos los dueños del planeta, somos sus inquilinos. ¿Qué clase de invitados somos si destruimos la casa que nos da de comer? Cada vez que desperdiciamos agua, que generamos basura innecesaria o que permitimos la tala de un árbol, le estamos robando oxígeno al futuro.
Ustedes, alumnos de primero de secundaria, son la generación que tiene la última oportunidad de cambiar el rumbo. No permitan que les hereden un mundo de asfalto y aire gris. La tecnología es asombrosa, pero no hay aplicación que pueda fabricar un río limpio ni un bosque virgen.
La Tierra no nos necesita para sobrevivir, pero nosotros la necesitamos a ella para cada respiro.
Que su paso por la Telesecundaria no sea solo para aprender fechas y números, sino para aprender a amar y proteger el suelo que pisan. Siembren un árbol, cuiden el agua, alcen la voz. Porque si no somos nosotros, ¿quién? Y si no es ahora, ¿cuándo?
¡Hagamos que nuestra huella en este mundo sea de vida, no de destrucción!
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